La concepción que Maná, Museo de las Sagradas Escritura, A. C., tiene de la educación, se funda en el reconocimiento del lenguaje, la palabra, el discurso y el diálogo como mediaciones y ámbitos en que, por fuerza, se desarrolla la experiencia humana en el mundo y ésta adquiere sus más profundos sentidos, los cuales son expresados en las diversas esferas culturales, en distintos niveles y en una inmensa gama de modos y formas; todos ellos cifrados en constelaciones simbólicas que constituyen el espacio existencial de grupos e individuos.
Esta perspectiva educativa, se establece en función del propósito cultural original que orienta el trabajo de Maná, Museo de las Sagradas Escrituras, A. C., esto es, el interés científico, cultural y espiritual de los estudios bíblicos. Así, la filosofía educativa de Maná puede calificarse como una filosofía de la escucha y del diálogo, cuya necesaria mediación se encuentra en la palabra y el lenguaje, los cuales vehiculan el plexo simbólico que caracteriza la especificidad humana en estricto sentido.

Como se sabe, la palabra, y en específico la bíblica, es insumo cultural. En efecto, el patrimonio cultural intangible de la palabra ocupa un lugar relevante. Las palabras expresan procesos cerebrales, conducen a mundos imaginados internamente; no hay cultura sin lenguajes; el pensamiento no utiliza al lenguaje: es el lenguaje.

Según Ernst Cassirer, filósofo alemán neo-kantiano, puede ayudar a la comprensión el desempeño de las palabras bíblicas desde la teoría simbologista. Per natura, el ser humano es un animal simbolizador, pero la función simbólica de la mente no es en sí ni en abstracto: se concreta en obras. Las formas simbólicas son el mito (la religión y el arte), el lenguaje (e inscritas en él, la historia y la filosofía) y la ciencia (matemáticas y ciencias naturales).

Hay entre estas formas una correlación dialéctica en que el pensamiento científico (lógico) supone el lingüístico (representativo), y éste el mítico (intuitivo) y viceversa. De manera que el pensamiento de la lógica científica no viene de la nada, actúa ya, implícitamente en la pre-lógica mitopoiética. Este pensamiento mítico siempre existente resulta mediador de la realidad y es mediado por nuestra idealidad. Por su parte, el lenguaje surge del mito y arriba críticamente al logos. La conciencia es una conciencia de sentido representativo/representado, no de manera inmediata sino mediada. La evolución al pensamiento científico se transfiere por funciones y relaciones reducibles al número. De todo esto provienen los símbolos en nuestra experiencia como interlenguaje-intérprete.[1] Por eso, Maná entiende la reflexión e interpretación bíblica como un ejercicio preparatorio de este tipo de experiencias que configuran la antesala del pensamiento lógico: por ejemplo, es evidente y constante el juego numérico al que invita permanentemente el texto. Si alguna explicación se puede dar a la gran prohibición y secretismo que ha girado durante siglos alrededor de este texto, es posible hallarla en la filosofía simbólica que, como señala Patxi Lanceros, “supone renuncia y desacato, supone no aceptar el juego dentro de los límites de oposición racional-irracional [1] Vid. Cassirer, E., Mito y lenguaje, Nueva Visión, Buenos Aires, 1973.